LA ESTRATEGIA DEL MIEDO.

Tierralta, Córdoba, ha sido conocida por años como un lugar peligroso, al estar ubicado en pleno centro de Córdoba, una zona de alta presencia paramilitar. Tierralta está en un punto estratégico para el movimiento del narcotráfico hacia el golfo de Urabá. Sí, son vecinos del temido Clan del Golfo, muy mencionado en estos días.
Tierralta tiene una historia marcada por masacres, muertes y luchas perdidas por parte de líderes sociales, como el caso de María del Pilar Hurtado, quien fue asesinada frente a su hijo en las calles de Tierralta el 21 de junio de 2019.
Uno de los problemas más complejos en el sur de Córdoba es el acceso a tierras y vivienda, lo que llevó a esta mujer a liderar un proceso de invasión en Tierralta. Por ello, fue amenazada y posteriormente asesinada. Más de un año después, el caso sigue sin resolverse. (Aquí pueden leer el post completo sobre el caso de María)
O el caso de Luisa Fernanda y su familia, quienes fueron asesinados el 13 de noviembre de 2020 en un corregimiento cercano a Tierralta. Los hechos aún están en investigación. Lo único que pude averiguar es que la madre formaba parte del programa nacional de sustitución de cultivos ilícitos y pertenecía a la JAC del corregimiento. Como muchas investigaciones de líderes sociales, esta tampoco ha tenido un desenlace, y probablemente nunca lo tendrá, ya que así es el país del Sagrado Corazón.
Me podría quedar escribiendo sobre el conflicto en Tierralta y cómo Salvatore Mancuso hizo de este cálido y acogedor pueblo su fortín. Podría hablar también sobre cómo el paramilitarismo coloca a los alcaldes, o sobre los 31 líderes sociales asesinados desde 2016. También podría hablar sobre el pacto de Ralito, firmado por los alcaldes de la zona, quienes luego fueron condenados, o sobre la historia del padre del alcalde Fabio Otero, dueño de uno de los predios en los que María del Pilar Hurtado fue amenazada y asesinada.
Pero en mi segunda visita a este maravilloso pueblo del sur de Córdoba encontré una comunidad segura, organizada y llena de gente amable que me recibió con los brazos abiertos, mostrándome una cara distinta de ese pueblo que desde la ciudad vemos como aterrador. “Lo que pasa es que solo salen las noticias malas”, me decía Iván, un nuevo amigo de Tierralta, de 23 años, que aunque no tiene trabajo, intenta pagar su crédito del Icetex con el que estudia algo relacionado con el medio ambiente (Perdón Iván, el nombre era muy largo).
Como buen emprendedor y con los pocos años de experiencia intentando emprender, creo que aprendí a ver ese brillo en los ojos de las personas que tienen una idea y creen con todo su ser que pueden lograr lo que sea. De corazón vi eso en Iván, con tantas ganas de salir adelante, de creer que puede comerse el mundo, de intentar hablar bien, como él dice. El mundo necesita más personas como Iván, que están esperando pacientemente una sola oportunidad para salir adelante. Y ese concepto de “salir adelante” tiene diferentes significados para cada uno. Para Iván, salir adelante significa poder estudiar y tener un trabajo bien remunerado con el que pueda mantener a su familia. Conocí a muchas personas como Iván que están esperando esa tan anhelada oportunidad.
Para todos los “Iván” de Córdoba, no se rindan, sean perseverantes y sobre todo sigan intentándolo. Derrotados son solo aquellos que bajan los brazos y se rinden. Y la verdad es que siempre vale la pena intentarlo.

Los mejores atardeceres estuvieron a cargo de Paola, también de 23 años y con muchas ganas de salir adelante. Me llevó a un lugar en medio del pueblo donde me encontré con una de las mejores fotos del viaje. También por ella me di cuenta de que tuve un pésimo anfitrión y que me faltó tiempo de viaje para conocer otros grandes paisajes cordobeses. Aunque hablé poco con Paola, también sentí lo mismo que con Iván: esas ganas de mostrarme la mejor Tierralta posible, la de gente amable y berraca que todos los días madruga para conseguir el sustento de sus familias. Espero, Paola, que cumplas todos tus proyectos y sigas igual de emprendedora.

Conocí a Deiber, también llamado Misterio. Este hombre trabaja y estudia con un MacBook Air desde literalmente las montañas de Colombia. Vive a las afueras de Tierralta, en un corregimiento cercano, y tiene 1MB de internet satelital con el que trabaja. Creo que alguna vez llegué a usar 1MB cuando tenía que conectar el teléfono de la casa al computador para tener conexión Ethernet. Incluso cuando compraba las tarjetas de Net-card con 5MB de internet, todo esto hace más de 10 años. Para Deiber, nada de eso importa. Es feliz programando con su MacBook Air y su 1MB de internet.
Y así, hay tantas historias de jóvenes que con las uñas intentan buscar una oportunidad. Lo complejo del sur de Córdoba es que las oportunidades están contadas, y la gran mayoría no puede ni siquiera verlas. Me llamó la atención un joven de 22 o 24 años, que supongo que montó un puesto de jugos de patilla. El vaso cuesta 1.000 pesos. Intenté ir todos los días que estuve allá. Él mismo hace los jugos, y aunque no lo parezca, tiene su ciencia. Ciencia que, lógicamente, aprendí, siempre observando desde lejos, sin molestarlo mucho, porque es serio, como muchas personas que ven a un cachaco extraño en su tierra, poco visitada por personas del interior.
El negocio lo montó con su esposa o novia. Pensé en decirle que colocara un letrero para que la gente recordara el lugar y luego vendiera franquicias con su manera peculiar de hacer jugo de patilla. Pero él es feliz así, y a veces, también eso está bien.

Siempre estaré agradecido con cada una de las personas que me contaron su sentir. Los admiro mucho. Les deseo lo mejor, a Wendy, que pueda estudiar y sacar a su hija adelante; a Paola e Iván, que sigan esforzándose y creando sus propias oportunidades. Mil gracias por recibirme y mostrarme que Tierralta es un gran lugar con grandes personas. Me alegra saber que estaba equivocado.
Mi gran reflexión sobre Tierralta y los lugares “peligrosos” que aún no conozco es que probablemente no sean tan peligrosos como pensamos. Lo que hacen los medios es una estrategia del miedo para que sigamos pensando que no podemos ir a esos lugares y mueran en el olvido. No deberíamos dejar que la guerra oculte la belleza de estos lugares. Hace dos años estaba en San José de Guaviare y no me pasó nada, tampoco me sentí en riesgo. En Tierralta fue igual; nunca me sentí en riesgo. No voy a negar que era raro sentir que todos me miraban, pero es normal, más cuando la diferencia al hablar es tan grande. Hoy siento que todo lo que muestran en las noticias es solo para que estos lugares sigan en el olvido y los malos puedan seguir siendo los dueños de estos maravillosos pueblos, tal cual como hace una década, cuando Mancuso era dueño del sur de Córdoba. No dejemos que suceda otra vez.
Me despido de Tierralta con un concepto positivo. En esta visita, pude conocer el sentir de algunas personas, sobre todo jóvenes, que tienen ganas de comerse el mundo desde un lugar que quiere comérselos a ellos. Ánimo a todos, y espero visitarlos pronto.
Importante agradecimiento a mi gran amigo Elkin, que aunque pésimo anfitrión, me abrió las puertas de su hogar y me dejó el cuarto con aire acondicionado. Mil gracias por permitirme volver una vez más y conocer más de esa zona poco turística del país. Aunque no lo parezca, con tu trabajo inspiras a muchos jóvenes de tu pueblo. Sigue así y cuídate.
PD: Queda pendiente una hackathon versión Tierralta.